CIUDAD SAGRADA DE CARAL

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INSTITUTO DE LA TECNOLOGIA Y LA CULTURA ANDINA-AMAZONÍA.

Tuesday, September 03, 2013

ARQUITECTURA DEL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE COCHARCAS /Por Armando Arteaga

ARQUITECTURA DEL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE COCHARCAS
(CHINCHEROS-APURIMAC)

Por Armando Arteaga



UBICACIÓN POLITICA
Departamento:                       Apurímac
Provincia:                               Chincheros
Distrito:                                  Cocharcas
Pueblo:                                   Cocharcas

UBICACION GEOGRAFICA
Longitud:                               73º  44'  24"
Latitud:                                 13º  36'  21"
Altitud:                                  3,030 m.s.n.m.


Ubicado en el lado Este de la Plaza Central, frente al río Pampas, se levanta pleno y sobrio el monumental Santuario de Nuestra Señora de Cocharcas.

El Templo, de muros de aparejo poligonal, destaca su presencia en “una corta pradera en la mitad de la bajada al Pampas, sembrada de huertas de melocotones y manzanas...”, como lo describió José de la Riva Agüero en su visita a la Quebrada del Pampas.




ANALISIS ARQUITECTONICO DEL SANTUARIO

ETIMOLOGIA DEL NOMBRE
Cocharcas significa en quechua “pantano” o “lugar cenagoso”, y es una corta pradera en la mitad de la bajada al rio Pampas.

DESCRIPCION DEL SANTUARIO

Fueron los Jesuitas, religiosos de la Compañía de Jesús, los primeros rectores y patrones del actual Santuario, los que diseñaron la primera fábrica de piedra y ladrillo. El Templo está rodeado por un atrio o cementerio, espacio que limita la construcción rectangular de 82 mts. de longitud por 54 mts. de frente.  Tiene dos imponentes pórticos: el principal, que se expone a la plaza principal, y el otro hacia el lado izquierdo, en el ingreso lateral del Santuario.

Los muros son de mampostería poligonal con “almenas”, como lo recuerda Riva Agüero, y como se observa en fotos en blanco y negro, fechadas en 1952.  Este atrio tiene muros de hasta 2.20 mts. de altura, ubicándose en los cuatro ángulos inferiores, pequeñas capillas abovedadas, con dos puertas de acceso cada una.  Estas en realidad eran “pascanas”, lugar de descanso para los peregrinos, y  servían al mismo tiempo de altares en las solemnidades y festividades del Santuario.  Sobre los muros posteriores de las dos capillas que dan sobre la Plaza, se erigen representativos altares de piedras rematadas en cruces, que se asemejan a los cruceros de los caminos, y que rematan en detalles ornamentales de ladrillo.



LOS PORTICOS DEL TEMPLO

El pórtico principal es un arco exornado, de grandes ladrillos rojos pegados con mortero de cal.  Tiene un arco de medio punto con archivoltas que decoran el paramento exterior, sostenido por jambas simples adornadas y adosadas por pilastras ornamentadas también con ladrillos en pequeños relieves, los cuales van formando una decoración de rombos inscritos en rectángulos, que nos recuerdan los muros chimúes con elementos marinos.

Sobre el arco aparece un detalle de “arquitrabe”, que ostenta el continuo de los ornamentos de ladrillo.  Coronando este pórtico hay tres pináculos: Los dos laterales exornan figuras abstractas, representando corazones que culminan en pirámides y esferas de piedra; el pináculo central es un abanico de rayos solares sobrepuesto sobre otro abanico simétrico.  Complementan esta unidad decorativa, dos pequeños ornamentos, y de remate, a los costados del pináculo central, una pequeña esfera.  A los costados de las pilastras, hay volutas y espiras marinas que simulan dos pequeños obeliscos de aguja, unidos al gran pórtico principal; hoy en día están más deteriorados, y las lluvias han erosionado y borrado las aristas de los ladrillos de estos elementos decorativos.  Vemos dos elementos de remate laterales, y en la parte central, un medallón de caja circular en bajorrelieve, armado todo con ladrillos.  Este pórtico se ha intervenido varias veces, disturbándolo.  Mantiene todavía su fábrica inicial.

DIMENSION Y ORIENTACION DEL TEMPLO

El Templo ocupa la parte central de atrio y mide 57.60 mts. de longitud hasta el ábside, y 22 mts. en la fachada, a lo ancho.  La planta es de cruz latina orientada de Este a Oeste.

DESCRIPCION DEL TEMPLO

Muchos encuentran similitud con el estilo y modelo de la Iglesia de la Compañía de Jesús del Cusco, que pertenecía a la Orden de los Jesuitas.  Esta Orden fue expulsada de España y de las Colonias, por orden de Carlos III, en el año 1767.

No es nada extraña por ello la procedencia del modelo de la planta, que tiene forma de una cruz latina, de una sola nave y con dos torres, con sus respectivos campanarios

Se ha referido que el fundador del Templo fue protegido de los jesuitas cusqueños.  Se asegura en las fuentes escritas que el autor de los planos fue el padre jesuita Francisco Aguilar de Villacastín, quien administraba el curato de Ccayara, cuando Quimichi llegó con la imagen de la Virgen de Cocharcas.  El siglo JHS (Jesús Homini Salvador), aparece en diferentes “partes” del edificio; en los retablos, en el púlpito, y en otros detalles de la ornamentación. La fachada del Templo es sobria, pero el conjunto resulta de una monumentalidad en donde destacan a la distancia sus torres y la cúpula.



EL FRONTISPICIO

La fachada o frontispicio consta de tres niveles. 

En el primer nivel se ubica el vano de acceso con arco de medio punto con “imposta” de moldura de “listel” y “faja”, y en la clave que cierra el arco, una “cartela” o ménsula que insinúa un balcón que da al coro del segundo nivel.  Aquí aparece un escudo en altorrelieve que tiene símbolos episcopales: mitra, bonete y cayado pastoral; debajo vemos una cenefa con la inscripción: “EILO. D-L.G.”, sigla que recuerda al Obispo de Huamanga Dn. Diego Ladrón de Guevara; lo cual nos da indicios de que la fecha de erección de la fachada corresponde a 1702, los primeros años del siglo XVIII.

Corona este escudo un querubín alado de cimero.  Los elementos constructivos y decorativos de este primer nivel destacan lo siguiente:

- Pilares aristados y adosados con bases y capiteles limpios de ornamentación, en pares, uno  a cada lado de la puerta de ingreso.
- Alfiz interrumpido, donde destaca el balcón, sobre cuyo arco descansan en relieve cinco  estrellas.
- Intercolumnas agrupadas o pilar con hornacinas poco profundas, enmarcadas por  molduras sencillas, con frontones redondos truncados o quebrados.  Sobre la “clave”  ornamental principal, destacan querubines alados.

En el segundo nivel, sobre la cornisa “salediza”, se asientan cuatro nichos excavados al costado derecho e izquierdo del vano que ilumina el coro.  Continuando con las intercolumnas, sobresalen en estupendas “peanas”, y destacan los íconos esculpidos en piedra de San Pedro y San Pablo.  Complementan la decoración del segundo nivel, un par de hornacinas en las intercolumnas de pequeñas pilastras; relevando el cornisamento saledizo, destaca el remate del frontispicio triangular.  La decoración es sencilla, una hornacina pequeña, central, flanqueada por pilastras que adosan como único detalle decorativo, los capiteles con dentículos, sobre los cuales se asientan un óculo, y un corazón rematado por una cruz, que va armonizando con los ojos de buey de los campanarios.

El tercer nivel es un frontón “encachado”, o revestido de piedra, en el que se destacan cada elemento de la destreza del aparejo nativo lítico.
La puerta de ingreso está guarnecida con aldabones, bulas y chapas decorativas, hechas en bronce.




LAS TORRES
Las dos torres son de almohadillado isodomo incaico, que se levanta hasta la altura del segundo nivel del frontispicio.  Están adosadas al imafronte, son cúbicas y tienen un cornisamiento en que se asientan los campanarios saledizos; éste está decorado con un friso  de enlazados geométricos y dentículos.
Los campanarios son de dos cuerpos y de cuatro vientos, lo que les otorga un aire de esbeltez y despegue por su elevación, esto es “sui generis” (no es común) en templos de pueblos rurales.



EL PATRIMONIO DE BIENES MUEBLES DEL SANTUARIO

El patrimonio mueble del Santuario es el que está más expuesto a una amenaza de extinción, tanto por obra del hombre como de la naturaleza.  Es necesario salvaguardar este patrimonio, por lo que en este expediente también planteamos que se realice un esfuerzo por asumir responsablemente la restauración y conservación de estos bienes muebles, asumiendo y enfrentando los desafíos vigentes generados de cierta irresponsabilidad e indolencia.  Esta tarea no es fácil.  En Cocharcas, buena parte de este patrimonio mueble no se ha cuidado, como es el caso del órgano; en otros casos estos bienes han sido sustraídos dolosamente.

El Archivo Parroquial que examinó el capellán Custodio Rodríguez en 1936, contiene nueve Libros de Inventario antiguos.


Thursday, July 25, 2013

Espacio regional, recursos naturales y estudios sobre Piura / María Luisa Burneo

 
 Espacio regional, recursos 
 naturales y estudios sobre Piura
 
 
María Luisa Burneo *



 
Desde hace aproximadamente una década un proceso de reconcentración de la tierra se viene dando en diferentes regiones del país, entre las cuales Piura ocupa un lugar importante. Estamos a puertas de contar con la nueva información del Censo Agrario, pero ya existen estudios que se basan en cifras proporcionadas por el Estado y las propias empresas. Así, en 2011, la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra (ILC por sus siglas en inglés) preparó un documento que registraba el proceso de concentración de la tierra en el Perú: según datos de 2009, en el caso de Piura, 31.700 hectáreas están en manos de siete propietarios, entre los cuales sobresale el grupo Romero con Caña Brava, que siembra caña de azúcar para la producción de etanol.1 La compra de tierras para la producción de biocombustibles es solo una de las formas que toma este proceso, que incluye también las contraprestaciones para la extracción de hidrocarburos.

En años recientes, la historia de la extracción y la de las tierras de las comunidades de costa se cruzan. Así sucede, por ejemplo, en el caso de la explotación de petróleo, que hoy ingresa a zonas cultivadas por familias comuneras. También se entrelazan con el avance de transnacionales que buscan acceder a inmensas extensiones de tierra para producir biocombustible. Son estos los procesos que abordaremos en este artículo, llamando la atención sobre los estudios recientes vinculados al espacio rural piurano y los vacíos existentes. Para ello, haremos un breve recorrido por la literatura producida en los últimos años y luego pasaremos a desarrollar los temas señalados.

Estudios sobre Piura y sus dinámicas territoriales

En los últimos años, la producción académica sobre la región Piura ha estado relacionada, en buena cuenta, con el proceso de expansión de la industria extractiva en el Perú, particularmente minera. Esta región ha sido escenario de conocidos enfrentamientos entre poblaciones y empresas: el conflicto relacionado con la empresa Manhattan en la zona de Tambogrande (1999-2002) y con la empresa Majaz (luego Zijin) y el proyecto Río Blanco, en la sierra de Piura (de 2005 a la fecha), son casos emblemáticos. El estudio encargado por Perú Support Group en el año 2006 sobre el proyecto Río Blanco en la frontera norte abre el camino a una serie de estudios, varios de ellos encargados por redes nacionales e internacionales en apoyo a las comunidades campesinas de la zona, propietarias de las tierras en las que se encuentra el yacimiento minero.2 Se abre también una agenda de investigación centrada en el estudio de los conflictos desde un enfoque de dinámicas territoriales y cambio institucional. Así, por ejemplo, Piura aparece en dos de los estudios de caso del libro Minería y conflicto social (Tambogrande analizado por Revezs y Majaz analizado por Diez).3

Más recientemente, Bebbington dedica un capítulo de análisis regional al caso de Piura en una publicación sobre conflictos sociales y dinámicas institucionales en la región andina (Bebbington 2013).4 Finalmente, el conflicto en Majaz también es tomado como caso para analizar el surgimiento de proyectos territoriales y sus límites frente a un Estado dependiente de la renta extractiva en un contexto de presión sobre recursos.5
 
Por otro lado, en el año 2011, Revesz y Oliden presentaron en el SEPIA XIV su trabajo sobre la “Transformación del territorio regional”,6 en el que analizan los principales procesos de cambio en el espacio piurano a lo largo del siglo XX, considerando tres ámbitos subregionales: la sierra, el litoral y los valles agrícolas costeños. Aunque de forma breve, en su análisis llaman la atención sobre una nueva situación en el agro piurano:

Al mismo tiempo [que las políticas nacionales], ordenanzas del gobierno regional permitieron grandes inversiones agrícolas en el valle del Chira para la instalación de cultivos de caña de azúcar para etanol, con lo cual se está creando una situación inédita en Piura en el contexto postreforma Agraria: la coexistencia de la Gran Agricultura Empresarial y de la Pequeña Agricultura Comercial” (Revesz y Oliden 2012: XX. (el destacado es nuestro)

Esta coexistencia, a la que se refiere la cita anterior, es en realidad bastante compleja y conflictiva, porque implica la superposición de lógicas distintas de apropiación del espacio, disputas por recursos, usos de la tierra diferentes y formas de gestión y control territoriales que chocan entre sí. Este es un espacio no solo de pequeños agricultores, sino también de comuneros y grandes comunidades que, aunque debilitadas, tienen existencia social y jurídica sobre una base territorial con derechos reconocidos. Es esta complejidad la que aún hace falta abordar en mayor profundidad desde las ciencias sociales.
 
Pero lo que viene ocurriendo con las tierras en la costa implica otro debate: la reconfiguración de nuevas haciendas, que toma una novedosa forma en el contexto global y la era del capital financiero.
Tenemos entonces que la agenda extractiva ha influido de manera considerable en la realización de estudios centrados en casos de conflictos mineros en la región. Pero lo que viene ocurriendo con las tierras en la costa implica otro debate: la reconfiguración de nuevas haciendas, que toma una novedosa forma en el contexto global y la era del capital financiero. Estos cambios, ligados al proceso de reconcentración de la tierra, están pasando parcialmente desapercibidos.

En ese sentido, un texto solitario es el libro de Jan Van Der Ploeg, publicado en el año 2006, y al que no se le ha prestado mucha atención. El investigador analiza el problema de la tierra y el agua y las luchas campesinas en Catacaos en el escenario pre y postreforma Agraria hasta la década de 1980, pero presenta un último capítulo de actualización, basado en información recogida en 2004, en donde da cuenta del inicio de un proceso de acaparamiento de tierras y control privado del agua en Piura, pero del que afirma conocer aún poco.7 Como hemos visto, existen investigaciones centradas en estudios de caso, pero son muy pocos los trabajos académicos de largo aliento que analizan lo que viene ocurriendo en la región luego de las políticas de ajuste estructural de los años noventa, en particular, en los últimos diez años.8 Los cambios actuales sobre la propiedad de la tierra y el proceso de reconcentración son temas que no han ingresado con fuerza a la agenda académica, que en el Perú está muy ligada a la agenda de las políticas públicas del Estado.9

En este escenario, las comunidades de la costa de Piura se ven involucradas en nuevos procesos de negociaciones con empresas privadas nacionales y trasnacionales que requieren acceder a tierras comunales para diversas actividades económicas. Sobre estos existen algunos pocos artículos, como el de Diez, que analiza las disputas por el control del espacio costero en la comunidad campesina de Sechura; el de Quiñones, sobre los cambios en el ámbito político de la comunidad de Vichayal en el contexto de negociación con una empresa petrolera; y más centrado en los cambios en la propiedad comunal y los usos de la tierra, un artículo sobre los casos de las comunidades de Catacaos y Colán.10  Estos trabajos, aunque breves, dan cuenta de transformaciones que vienen ocurriendo en las comunidades de costa.11 Hace falta, por tanto, una investigación más amplia, que no solo analice casos particulares, sino que proponga un marco analítico para la lectura e interpretación de estos cambios y de sus implicancias en el espacio regional.

Esta breve revisión nos lleva a preguntarnos por los procesos y variables relevantes para comprender las dinámicas regionales hoy en día. Para abordar esta interrogante nos centraremos en uno de los nuevos procesos que se abre paso con el avance de capitales nacionales y extranjeros: la reconcentración de tierras y su superposición en territorios comunales. Haremos un zoom hasta llegar al ámbito de las comunidades campesinas piuranas, para así enfocarlo en un espacio definido y configurado por lógicas de apropiación del espacio y uso de las tierras particulares.

La industria extractiva y comunidades de costa: cambios en los usos de la tierra

Las antiguas comunidades de costa, que son además las más grandes del Perú, no parecen formar parte del “imaginario común” de las comunidades campesinas, que fija su mirada sobre la comunidad andina. Así, tampoco aparecen en el debate nacional sobre la implementación de la Ley de Consulta Previa ni la tan controversial base de datos de pueblos indígenas. Estas comunidades no han recurrido a un discurso étnico en la defensa de sus territorios, y, sin embargo, cumplirían con el criterio de continuidad territorial, siendo sus territorios mucho más antiguos que el de cientos (o miles) de comunidades andinas que se formaron luego de la Reforma Agraria o durante el proceso de reestructuración de los años ochenta. Si bien aquellas no se definen como indígenas, sí apelan al reconocimiento de derechos sobre territorios que consideran “ancestrales”. No podemos decir si este es un tema que ha sido discutido en el proceso de reglamentación de la consulta previa o para elaborar la base de datos del Ministerio de Cultura, pero podría ser de importancia en un futuro cercano.

Hoy en día, en los territorios de estas comunidades se forman nuevas haciendas de capitales globales con sus propios mecanismos de acceso a la tierra. La industria extractiva, que en la historia regional se había mantenido cerca del litoral, penetra tanto en los eriazos comunales como en las zonas que han sido transformadas hace décadas por el riego, y que hoy los comuneros llaman “zonas de valle”, ocupadas por las parcelas familiares de tenencia individual. Este es el caso de la empresa petrolera Olympic Sucursal Perú, que desde el año 2007 explota petróleo y gas en tierras comunales en las comunidades Miramar Vichayal y San Lucas de Colán.12 Tal como señalaban Revezs y Oliden para el caso de la gran propiedad y la pequeña agricultura, este encuentro es también inédito en la historia regional. Acá se encuentran la actividad extractiva con la historia de apropiación de las tierras comunales: para acceder al subsuelo, la empresa se ve en la obligación legal de lograr el acuerdo previo de la Asamblea Comunal para que esta apruebe la firma del contrato de servidumbre que otorgaría a la empresa el derecho de uso de las tierras comunales.

Lo interesante de este caso es que revela una serie de variables a tener en cuenta para comprender la relación entre la ocupación espacial de la empresa y las dinámicas comunales alrededor de ella. Por ejemplo, en el caso de la comunidad de Colán, la Asamblea Comunal donde se aprobó la firma del primer contrato con la empresa contó solo con 111 asistentes de los más de 2.000 comuneros registrados en el padrón comunal. Una serie de problemas se desprenden de este contrato: los comuneros no conocían el contenido, fue firmado por una directiva que ya no estaba en funciones, la comunidad argumenta que se trata de montos muy bajos por “el desconocimiento que teníamos entonces y la falta de asesores técnicos en aquella época”, entre otros. Hoy en día, luego de reiterados intentos de renegociación del contrato por las directivas siguientes, el proceso se encuentra estancado. La empresa continúa operando a pesar de los desacuerdos con la comunidad.

Lo anterior quiere decir que el acceso a tierras cultivadas de las familias comuneras en el valle y a tierras comunales en la zona eriaza se establece como irreversible a pesar de un proceso de negociación a todas luces mal llevado y sin supervisión estatal. De acuerdo al contrato entre Olympic y el Estado peruano, la empresa cuenta con garantía para tres décadas de explotación, con posibilidad de ampliación. No vamos a extendernos más aquí sobre el proceso de negociación entre la empresa y la comunidad; vamos a señalar solo algunos puntos que muestran los cambios que se desprenden de este.

En primer lugar, el cambio de usos de la tierras y el abandono de parcelas cultivadas por familias comuneras. Esto ocurre en las parcelas donde la empresa instala sus pozos a través de la figura de las contraprestaciones de tierra, que implican un pago anual al comunero posesionario de la parcela. El acuerdo firmado le otorga derecho sobre esa parcela a la empresa mientras el pozo esté en operación. La manera en que esto altera las estrategias y movilidad de las familias campesinas aún no ha sido estudiada; sin embargo, la cifra pagada de 1.000 dólares anuales por pozo instalado en una parcela nos da un indicio de lo que puede hacer o no una familia que acepta el trato. Además, es importante considerar que no todos los comuneros tienen la misma cantidad de tierras. La extensión del minifundio es irregular: las parcelas pueden variar entre 0,25 hectáreas y 3 hectáreas, y un posesionario puede tener una o varias parcelas dispersas, dependiendo de la historia de cada comunero. Es decir que mientras para algunas familias la cesión en uso de su parcela les deja una o dos parcelas adicionales para seguir cultivando, para otras familias se trata de la única porción de tierra con la que contaban.

Hasta fines de 2012, la empresa tenía más de noventa pozos en operación tanto en parcelas familiares (antes cultivadas) como en áreas comunales (eriazos), y continuaba abriendo más. El cambio de uso de la tierra altera la tenencia en las zonas aledañas; por ejemplo, la manera en que se discute la campaña agrícola y el portafolio de los usuarios que siguen cultivando.13  Además de ello y del cambio en las estrategias económicas, también se altera el vínculo de las familias comuneras con la comunidad: esta última es desplazada de las negociaciones bilaterales entre empresa y comuneros, pero al mismo tiempo es requerida cuando surgen conflictos con la empresa o cuando los comuneros empiezan a enfrentar la incertidumbre sobre su futuro. La dirigencia comunal termina siendo cuestionada al no tener herramientas suficientes para intervenir en estas disputas o cuando los reclamos de la población exceden su ámbito de gestión y se desplazan hacia el de las competencias del Estado.

Otro aspecto es el control del espacio en la comunidad. El tránsito para los comuneros por el territorio de la comunidad responde a un orden y un conocimiento local de las distintas zonas y propietarios de las parcelas. Por ello, estas no cuentan con cercos, alambrados ni otro tipo de impedimento al paso cotidiano de comuneros, sus carretas y arados. Hoy en día los ductos de gas y crudo atraviesan los caminos y los bordes de muchas de las parcelas cultivadas del conjunto de comuneros, y en ocasiones impiden el paso de carretas y animales necesarios para el trabajo agrícola. Asimismo, se observan tranqueras custodiadas por guardias armados que bloquean la libre circulación en distintos puntos del territorio de la comunidad, como la entrada al anexo de La Bocana —donde se encuentra la gran mayoría de pozos— y las rutas de acceso a la planta de la empresa. Hay una serie de anécdotas que expresan el desconcierto de los comuneros frente a este tipo de control espacial.14

Finalmente, cambios importantes se dan en el espacio político local y el gobierno comunal con relación a la tierra. Este es un tema extenso y que abarca varias aristas; nos limitaremos a mencionar una variable que nos permitirá entrar a la sección siguiente: las implicancias de la titulación individual llevada por el Programa Especial de Titulación de Tierras (PETT) en los noventa y las dificultades para lograr la titulación a nivel global de los eriazos comunales.15 Con la presencia extractiva y el avance de grupos empresariales sobre territorio comunal, uno de los temas que regresa a la agenda de las directivas comunales es el de la titulación de tierras: la presencia de estas empresas pone a la comunidad en jaque frente a la situación de sus tierras. La comunidad requiere de mayores “seguros” de la propiedad comunal para poder negociar con una postura más fuerte la renegociación del contrato con la empresa petrolera y en otras negociaciones con trasnacionales.

Si bien la historia de la titulación individual y tierras comunales es una historia conocida, este caso muestra cómo lo que se inició en los años noventa con la Ley de Tierras 26505, y que se afianzó durante los gobiernos posteriores, hoy tiene repercusiones importantes. Así, durante el gobierno aprista, el Ejecutivo modificó normas para que la función de titulación de tierras pase por cuatro años a Cofopri, dentro del Ministerio de Vivienda. Durante este periodo se otorgaron títulos individuales que lotizaron zonas para vivienda sobre tierras de propiedad comunal, generando así mayor superposición de derechos y tensiones entre comunidad y comuneros. Como veremos a continuación, esto es importante, pues el título de propiedad individual constituye hoy en día una puerta para el arriendo o venta de tierras a empresas privadas que termina en el desmembramiento de porciones del territorio comunal.
 
El acceso a tierras para la producción de biocombustibles y las nuevas haciendas

Así vinieron los Caña Brava [a proponer a los comuneros empezar a sembrar caña]. Muchos no creían porque le tenían miedo al grupo Romero, que pensaban que le iban a quitar sus tierras, pero ellos no habían captado de que se trataba de una cadena productiva, y que ya cada uno iba a responder por su cuenta”. (comunero de Colán)

No solo la industria petrolera avanza sobre tierras comunales, incluyendo las zonas cultivadas, sino también grandes trasnacionales y capitales privados nacionales. En su texto, Van Der Ploeg se refiere a este proceso como una “tercera ola de usurpaciones” (2006: 40).16  El panorama actual de presión sobre la tierra en las comunidades de costa es bastante complejo: algunas empresas buscan ingresar mediante propuestas a la Junta Directiva, pero otras avanzan concentrando tierras mediante la compra o el arriendo a comuneros que cuentan con títulos de propiedad individual otorgados por alguno de los programas estatales en años anteriores, sin que aquello hayan dado aviso a la comunidad. De otro lado, la empresa trasnacional, como en el caso de Maple Etanol, ingresa a través de negociaciones con el Estado. Veamos muy grosso modo cómo ocurren estas dinámicas.
 

Una de las preocupaciones centrales de los comuneros es el limitado acceso al recurso en las nuevas zonas de ocupación de las familias comuneras, que además colindan con los espacios cercados por las empresas de etanol, como Maple.
Luego de permanecer algún tiempo en la comunidad y observar el día a día en el local comunal, podemos decir que es frecuente la visita de empresarios privados. Los directivos deben atender reuniones con empresas que buscan tierras eriazas para sembrar pimiento piquillo, banano, piñón, uvas, entre otros productos de agroexportación. Las cantidades que solicitan no son cientos, sino miles de hectáreas. Las figuras que proponen no siempre implican un pago por el arriendo de las tierras; en ocasiones quieren solo el “permiso para sembrar” porque eso “dará empleo a los campesinos” y además “darán ayudas a la comunidad”. La comunidad evalúa propuestas que muchas veces son descartadas. Pero en ocasiones los empresarios no aceptan la respuesta de la directiva, sino que ingresan directamente a negociar con los comuneros que habitan en las zonas de su interés. Esto rompe con lógicas comunales de toma de decisión y genera transacciones de tierra que escapan al control de la comunidad; también generan expectativas de arriendo y venta de tierras entre comuneros, sobre todo jóvenes. Muchas veces, los empresarios se apoyan en el hecho de que los comuneros ya están titulados individualmente; otros, sin embargo, recurren a métodos menos claros que terminan convalidando “actas de entrega” en minutas compra-venta formalizadas en notarías provinciales.

En otros casos, empresarios nacionales ingresan directamente sin siquiera dialogar con la directiva, declarando zonas eriazas comunales como tierras en abandono y reclamando derechos de propiedad sobre estas.17 Como dice un comunero de la zona: “Han querido así parece desquitarse de la época cuando los sacamos [en alusión a las luchas por tierras]. Han dicho: aquí ya se fregaron, aquí nosotros cogemos toda la tierra y no pasa nada”.

Otra modalidad es la empleada por Caña Brava, del grupo Romero, empresa con la que la población de la zona ya ha tenido conflictos. Caña Brava tiene ya 7.000 hectáreas de caña en el valle del Chira, pero busca expandirse. Además de poseer una planta cercana a las zonas altas (eriazos) de la comunidad, en la zona del valle desarrolla convenios con pequeños agricultores comuneros para que estos siembren caña en sus parcelas. El trato es que los comuneros reciben pequeños créditos para la compra de insumos y luego la caña sería comprada por el mismo grupo. La otra forma de acceso a la tierra se da a través del arriendo de tierras a comuneros que no están en capacidad de producir sus parcelas por falta de financiamiento.

En el caso de la empresa Mapel Etanol, fue el Estado mismo, a través del Proyecto Especial Chira-Piura (PECHP), quien vendió 10.000 hectáreas a la empresa al precio de 60 dólares la hectárea.18  Maple requiere concentrar miles de hectáreas para la siembra de caña de azúcar, utilizando una tecnología de riego por goteo. Sucedió que el Estado vendió, como parte de estos lotes, mil hectáreas que eran de propiedad de la comunidad campesina San Lucas de Colán. En respuesta, la comunidad interpuso una demanda de nulidad de acto jurídico, y el proceso judicial está abierto. Resulta interesante anotar que a pesar del litigio legal, la empresa ha logrado acceder a 224 hectáreas de las tierras en disputa, a través de un acuerdo (sin rango contractual) con la comunidad para arrendarles esas tierras. Este acuerdo fue aprobado en una Asamblea Comunal, que ocasionó reacciones contrarias entre los comuneros, algunos de los cuales argumentaban que esas tierras ya no serían devueltas a la comunidad, y que era un error aceptar el trato. Otro grupo en cambio estuvo de acuerdo.

Además, uno de los temas clave que surge estrechamente vinculado a la reconcentración de la tierra es el acceso al agua. Una de las preocupaciones centrales de los comuneros es el limitado acceso al recurso en las nuevas zonas de ocupación de las familias comuneras, que además colindan con los espacios cercados por las empresas de etanol, como Maple.19  En la comunidad ya se empieza a discutir el tema con preocupación y cierto tono de reclamo:

Dicen que están los Romeros en el arenal, ahora quieren comprar tierras. También está la Maple. Ellos sí tienen agua. Tenemos que negociar el agua. ¿Por qué ellos van a tener y nosotros no, si es nuestro territorio?. (comunero de Colán, anexo de La Tahona, colindante con Maple)

De esta manera se configura una dinámica de acceso a la tierra que en muchos casos implica el despojo de tierras comunales. Como hemos visto, son diversos los intereses económicos, estrategias y mecanismos que intervienen en el proceso actual de reconcentración de tierras en el caso piurano. A nivel de las comunidades, los cambios que ello produce en la estructura productiva, la tenencia y uso de las tierras y el gobierno comunal son aún un campo de estudio por explorar. Queda claro, sin embargo, que el acceso y control del agua se perfila como un próximo campo de disputas.

Reflexión final

Hemos llegado a este punto con una aproximación más cercana a lo que sucede en territorios comunales, pero estos nuevos procesos abarcan diversas zonas del territorio piurano y de la costa en general. En efecto, Maple y Caña Brava proyectan ampliar sus cultivos para este año, el grupo Gloria ha comprado 15.000 hectáreas en Olmos para la siembra de caña, la Corporación Miraflores dice contar con tierras y agua para su proyecto Comisa, que busca sembrar 25.000 hectáreas para producir etanol en Piura, y hay capitales ingleses y norteamericanos buscando ingresar con no menos de 10.000 hectáreas a la costa peruana. 

Si bien la agenda de estudios entre 2005 y 2011 otorgó un peso central a los conflictos mineros en la región, hoy nuevos procesos llaman la atención sobre el espacio de los valles costeños y el desierto. El avance de la actividad extractiva del llamado oro negro sobre zonas de valle y la concentración de tierras, que convergen en tierras comunales, modificarán sustancialmente el paisaje geográfico y la economía política de la región.

 * Antropóloga, Instituto de Estudios Peruanos.
1  Burneo 2011.
2  Bebbington et ál. 2007.
3  De Echave et ál. 2009.
4  Bebbington 2013.
5  Burneo 2013.
6  La ponencia de Revesz y Oliden fue presentada en la mesa regional del Seminario Permanente de Investigación Agraria (SEPIA) XIV y posteriormente publicada en el libro SEPIA XIV: Perú, el problema agrario en debate. Lima: SEPIA, 2012.
7  Van Der Ploeg 2006.
8  Trabajos de largo aliento sobre el ámbito rural piurano y la economía agraria regional se publicaron en los años ochenta y noventa. Entre ellos, Revesz 1982 y O’Phelan 1998. Para una revisión completa de la literatura sobre Piura hasta 1995 ver  Revesz et ál. 1996.
9  Organizaciones mundiales como Vía Campesina o redes internacionales como Land Coalition son quienes buscan colocar el tema de concentración o acaparamiento de tierras en la agenda internacional, publicando una serie de documentos de trabajo y vinculando su discusión con los temas de soberanía y de seguridad alimentarias.
10  Diez 2013, Quiñones 2012 y Burneo (en proceso de publicación).
11  De hecho, uno los últimos estudios largos sobre las comunidades de Piura fue publicado en 1998. Cipca-Bartolomé de Las Casas 1998.
12  La empresa tiene entre sus accionistas a la USA Olympic Oil & Gas Corporation, entre otras firmas extranjeras. Su contrato con Perú Petro, vigente desde 1996, le otorga licencia para explorar y explotar hidrocarburos por treinta años a partir del inicio de la explotación comercial, en el Lote XIII, ubicado en el desierto de Sechura. El “desierto de Sechura”, en este caso, abarca tierras de tres comunidades campesinas.
13  Se puede observar en las zonas de los pequeños agricultores comuneros una parcela cultivada y al lado, de manera contigua, la parcela vecina, que ha dejado de cultivarse, con el pozo en operación al medio de ella.
14  Esta cita expresa lo señalado: “En marzo hicimos una actividad, y quisimos pasar con las mujeres. Es nuestra zona, o sea, nadie se puede venir a apropiar. Quisimos pasar a la ribera del mar para ir a la Bocatoma y la desembocadura, pero a nosotras no nos dejaban pasar. Siendo nosotras dueñas del territorio, no nos dejaba pasar la Olympic porque nos puso un montón de obstáculos […]. Al final exigimos y pasamos, y estaba toda esa parte del mar sucia, llena de desechos. Creo que eso no querían que viéramos” (comunera de Colán).
15  Hasta el año pasado, la comunidad no contaba con títulos de propiedad a nivel comunal (global) inscritos en los registros públicos. Hace dos meses, la directiva logró titular 14.000 de las 28.000 hectáreas de tierras comunales.
16  En el capítulo final, utiliza la noción de “imperio” (recogida de Hardt y Negri 2001) para referirse a una empresa móvil, no localizada e invisible, a “la reemergencia del latifundio”, la plantación a gran escala controlada por capital foráneo. Señala que el comunero percibe a estas empresas como el retorno del gamonalismo, pero con otra forma: creación de bloques de tierras bajo arriendo, sin inversiones fijas, centrado en la disposición de capital, capacidades organizativas y canales internacionales de comercialización (2006: 427). Además del acceso a la tierra, el control del agua sería el factor crucial.
17  Estas figuras se vinculan estrechamente con las reformas del marco normativo de regulación de la propiedad comunal y tierras de comunidades de la costa que se desprende de las reformas iniciadas en la década de 1990, como la Ley 26845, Ley de Deslinde y Titulación de Comunidades de la Costa, que establece que las tierras de comunidades serán consideradas en abandono cuando estén en manos de terceros que las dediquen a la actividad agraria por dos años desde la presentación de la solicitud de abandono. Se confunde así el abandono con la prescripción adquisitiva, y se contradice el principio constitucional de imprescriptibilidad de tierras comunales, facilitando el acceso y propiedad de tierra comunales a agentes privados (Cepes, Informativo Legal Agrario, n.° 25, 2010).
18  Datos tomados de la “Escritura de compra y venta entre el proyecto Chira Piura y la empresa Maple Etanol S. R. L., interviniendo el gobierno regional de Piura”. Piura, marzo de 2008.
19  Van Der Ploeg trata el tema del control del agua por estas empresas y de la escasez en la comunidad de Catacaos (2006: 431).
20  Revista Agro Negocios, noviembre de 2012. Ver http://www.andina.com.pe/Espanol/noticia-peru-cuenta-proyectos-cana-azucar-riego-tecnificado-mas-grandes-del-mundo-435788.aspx

 
Referencias bibliográficas
 
Bebbington, A. (ed.) (2013). Industrias extractivas, conflicto social y dinámicas institucionales en la región andina. Lima: IEP.

Bebbington, A. et ál. (2007). Mining and Development, with Special Reference to the Rio Blanco Project, Piura. Londres: Peru Support Group.

Burneo, Z. (2011). El proceso de concentración de la tierra en el Perú. Roma: ILC, Cepes.

Burneo, M. (2013). Elementos para una redefinición de lo comunal: nuevas formas de acceso a la tierra y presión sobre el recurso en las comunidades campesinas de Colán y Catacaos (en proceso de publicación).

Burneo, M. (2013). “Estado, extracción y conflictos por la gobernanza de territorios; el caso del proyecto minero Río Blanco en la frontera norte peruana”. En Rimisp, Encuentro: territorios en movimiento (en proceso de edición).

De Echave, J. et ál. (2009). Minería y conflicto social. Lima: IEP, CIES, CIPCA, CBC.
 
Diez, A. (1998). Comunes y haciendas. Procesos de comunalización en la sierra de Piura (siglos XVIII al XX). Piura: CIPCA, Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas.

Diez, A. (2013). “Planificación territorial, ciudadanía comunal y solución de conflictos socio-ambientales; las disputas por el gobierno y la administración del espacio costero litoral en Sechura”. En Rimisp, Encuentro 2012: territorios en movimiento (en prensa).

O’Phelan, S. (1998). El norte en la historia regional, siglos XVIII-XIX. Lima, IFEA-Cipca.

Quiñones, P. (2012). “Reconfiguraciones comunales frente a presiones empresariales: el caso de la comunidad Miramar Vichayal”. En A. Diez (ed.), Tensiones y transformaciones en comunidades campesinas. Lima: Cisepa, PUCP.

Revesz, B. (1982). Estado, algodón y productos agrarios. Piura: Cipca.

Revesz, B. et ál. (1996). Piura, sociedad y región. Derrotero bibliográfico para el desarrollo. Piura: Cipca, Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas. 

Van Der Ploeg, J. (2006). El futuro robado: tierra, agua y lucha campesina. Lima: IEP, Water Land and Indigenous Rigths.


Ver:

 

Saturday, July 06, 2013

Bocetos y prototipos / Alejandro Hernández

Bocetos y prototipos 

Por Alejandro Hernández | @otrootroblog 

06 de julio de 2013

 http://www.arquine.com/blog/bocetos-y-prototipos/

 Hace unos días John Maeda publicó en su blog una entrada comentando un ensayo de Bill Buxton, científico computacional y diseñador que desde el 2005 está a cargo del departamento de investigaciones de Microsoft. En su ensayo, Buxton plantea la diferencia entre bocetos [sketches] y prototipos. Ambos son instancias de un proceso de diseño, pero intervienen en distintas etapas del mismo. Maeda recupera una tabla en la que Buxton explica las diferencias: los bocetos invitan, sugieren, exploran y cuestionan, proponen, provocan, son tentativos y no comprometen. En cambio los prototipos en vez de invitar, atienden, describen en vez de sugerir, refinan lo que el boceto explora, dan respuestas en lugar de cuestionar, ponen a prueba, resuelven y son específicos. Entendidos así, el boceto es una especie de notación de un proceso abierto, no lineal y cuyos resultados no son específicos ni previsibles y genéricos, mientras que el prototipo es el resultado de otro proceso, más definido y en parte lineal, con resultados claros, funcionales y específicos. Maeda añade que si entendemos al diseño como “la habilidad para fallar de manera productiva para lograr, finalmente, una solución exitosa”, el boceto es un proceso de fallas que buscan un resultado singular y claro, mientras que el prototipo es un proceso de fallas que buscan una solución final. El boceto, dice, presenta menor riesgo —es más fácil de realizar— pero materializa mayor riesgo —la idea no ha sido probada y puede no ser viable—, mientras que el prototipo presenta mayor riesgo —es más costoso y difícil de hacer— pero materializa menor riesgo —la idea ya es puesta a prueba.

El texto de Buxton inicia diciendo que el boceto no es lo mismo en arquitectura y diseño industrial que en el diseño interactivo y de experiencias —a los que aplica su explicación. Pero podemos pensar que en arquitectura, al menos, el boceto tiene condiciones similares. En la introducción a su libro El dibujo en la concepción arquitectónica, Philippe Boudon y Frédéric Pousin explican un dibujo de Carlo Scarpa. Se trata de una vista de la capilla y del muro del recinto del cementerio Brion. Al centro se ve un alzado, trazado a mano alzada, pero en proyección ortogonal, de lo descrito en el título de la lámina: la capilla y un muro, sombreados a lápiz. Al margen, bordeando el dibujo central, hay una serie de apuntes pequeños, algunos son también alzados, otros perspectivas, todos presentan variaciones al dibujo principal. Boudon y Pousin se preguntan qué realidad representa ese dibujo y responden: ninguna. “Se trata de un proyecto —dicen. Este dibujo representa una ficción o, con más precisión, un objeto que no existe todavía. Se tiene en este caso un rasgo característico de la representación en arquitectura: el dibujo no representa nada, en el sentido en que representar significa hacer presente un objeto real, ausente. Es más bien el arquitecto quien se representa su proyecto”. Las variaciones en los esbozos que acompañan a la fachada dibujada por Scarpa son esbozos, bocetos, no sólo porque no [re]presentan aun ninguna realidad objetiva, sino porque son parte de un proceso abierto y genérico: el tema no es sólo la tumba del señor Brion con toda su especificidad, sino cuestiones como el muro, la sombra o la profundidad, y más: planteados aun como problema, más que como respuesta. No dicen cómo es el proyecto: cuestionan cómo puede ser un muro —o una sombra. Incluso qué es eso: un muro o una sombra. Por cierto, esos bocetos son radicalmente distintos al “croquis de servilleta”, ese falso boceto.
La condición del prototipo en arquitectura es más compleja. Podemos pensar que una fachada o una planta dibujadas ya a escala y comprobando medidas y posibilidades —de amueblado, por ejemplo, en el caso de una planta— tienen algo de prototipo. Más una maqueta, que puede someterse a pruebas físicas —desde cómo responde a la orientación hasta su resistencia al viento o a sismos. Las simulaciones por computadora —desde las vistas en perspectiva, los recorridos animados o pruebas de ingenierías— se acercan tal vez aun más a ser prototipos. Pero aun si —como escribe Maeda— “los medios digitales nos dan la posibilidad de borrar en algunos casos la línea entre boceto y prototipo”, en arquitectura aun esa línea persiste. Incluso, si en el caso del diseño industrial el prototipo final de una silla o de un auto puede usarse y probarse en las mismas circunstancias en las que será usado el objeto real —la silla sentándose y el auto en una pista de carreras—, en el caso de la arquitectura en la mayoría de los casos el prototipo realmente es el edificio mismo ya terminado. Por eso las goteras en las casas de Wright o Le Corbusier o la condensación de agua, los mosquitos y las inundaciones de la casa Farnsworth, de Mies. Esas obras, donde la innovación y la experimentación eran objetivo central son, sin duda, prototipos.

CS

Monday, June 03, 2013

LIMA MILENARIA



LIMA MILENARIA

El objetivo del ciclo “Lima milenaria” es enfatizar la antigüedad del poblamiento humano de la región y destacar la diversidad de sus formas culturales, la complejidad de sus edificaciones y la sutileza de su adaptación a un medio natural marcado por la existencia de tres ríos entre las estribaciones de los Andes y las orillas del Pacífico.

La ciudad actual ha preservado numerosos sitios prehispánicos, entre los que destaca el santuario de Pachacamac. Por su parte, recientes excavaciones en el sitio de Puruchuco han permitido exhumar cuerpos de víctimas de la rebelión inca de 1536 contra la dominación española de Lima.
El ciclo aspira a contribuir a que ciudadanos y autoridades colaboren en la mejor manera de gestionar la riqueza del patrimonio arqueológico limeño.

Miércoles 12 de junio/ 7 pm
“Lima incaica y la conquista española: El caso Puruchuco”
Guillermo Cock

Miércoles 19 de junio / 7 pm
 “El santuario arqueológico de Pachacamac”
 Denise Pozzi-Escot

Miércoles 26 de junio / 7 pm
“Propuestas y perspectivas: la gestión del patrimonio arqueológico de Lima”
Elías Mujica y Pedro Pablo Alayza

Lugar: Jr. Ucayali 391, Lima

INGRESO LIBRE

Saturday, May 25, 2013

Denise Scott Brown ha sido la arquitecta más famosa de la segunda mitad del siglo XX


ENTREVISTA

“En la arquitectura hace falta menos ego y más miedo”

Denise Scott Brown ha sido la arquitecta más famosa de la segunda mitad del siglo XX

Esposa y socia del afamado Robert Venturi, lucha porque a ella también se le reconozca su aportación con un Pritzker retrospectivo



foton

Con 81 años, la arquitecta y urbanista Denise Scott Brown (Nkana, Zambia, 1931), crecida en Johanesburgo, formada en Roma y Londres y afincada en Filadelfia, ha viajado recientemente a México, donde la entrevistamos, para presentar la primera edición en español de su libro Armada de palabras (Arquine). En 1991, cuando su socio y marido, el arquitecto Robert Venturi, viajó al DF a recoger el prestigioso Premio Pritzker, ella no lo acompañó. Entendió que ese galardón debía haber sido también para ella, porque hacía 26 años que firmaban conjuntamente sus edificios y eran las ideas de Scott Brown sobre la importancia de lo ordinario –hoy recuperadas en el currícu­lo académico de universidades como Columbia– las que armaron algunos de sus libros míticos como Aprendiendo de Las Vegas. En las últimas semanas, una petición promovida por estudiantes graduadas de Harvard en change.org para que Scott Brown comparta el Pritzker de su marido lleva acumuladas más de 5.000 firmas. Entre ellas, la de la también Pritzker Zaha Hadid y la del propio Venturi. Por eso, irónica, comenta que cuando su esposo llegó al DF entró en el palacio presidencial a recoger ese premio y ella, en cambio, ha llegado hasta el pedregal de Santo Domingo para ver cómo tres generaciones de una familia viven, y trabajan, en los veinte metros cuadrados de una vivienda de autoconstrucción: “La cultura predominante frente a la cultura dominante”.


Aunque ella y Venturi lideraron durante los años ochenta una de las vanguardias más extrañas de la historia de la arquitectura –la posmoderna, el cíclico regreso al simbolismo de la historia como reacción frente al maquinismo de la modernidad–, por encima de los más de 200 edificios que ha levantado, el legado de Scott Brown está en la actitud de su arquitectura, que se ha esforzado en buscar inspiración en lo cotidiano. Así, la ampliación de la National Gallery de Londres, concluida en 1991, fue uno de sus trabajos más criticados por quienes consideran que la arquitectura debe hablar de su tiempo y no mimetizar los edificios existentes. Sin embargo, 22 años después, uno no repara en esa ampliación. El cuerpo añadido forma parte de ese rincón londinense porque atiende tanto al peatón como a la monumentalidad de Trafalgar Square. Las ideas de esta arquitecta y urbanista hablan desde ese edificio. “Observar lo ordinario puede resultar feo. Pero es importante”.

PREGUNTA: ¿La falta de prejuicios será la mayor conquista arquitectónica del siglo XXI?
RESPUESTA: Es necesaria una mente muy abierta para analizar cualquier tema. Pero luego tiene que llegar un filtro. No todo vale. Ese filtro es el prejuicio. La mente es un columpio entre recabar información y filtrarla. Es necesario adorar lo que haces para no agotarte con el balanceo.
P: ¿Cómo hace para seguir viendo cosas que a los demás nos cuesta ver?
R: Siempre he tenido la cabeza como un radar. Creo que mi madre la tenía así. Luego, cuando uno se hace mayor, la mitad de la vista es memoria.
P: Creció en Johanesburgo. ¿Cómo aprendió a mirar más allá de lo que tenía delante?
R: Allí el racismo era algo asumido. Eso o te hace ver o te ciega. Pero debo hablar de mi padre. Era promotor y cuando regresó de un viaje a Nueva York dijo: “Lo que he visto lo podría haber hecho yo”. Pensaba a lo ancho. Buscaba los principios de las cosas, era un estratega. Era capaz de predecir cosas. Al regresar de Nueva York dijo que la Sexta Avenida desaparecería. Y así fue.
P: Sin embargo, fue su profesora de dibujo quien le abrió los ojos.
R: Yo iba a un colegio inglés. Pintábamos muñecos de nieve en las felicitaciones de Navidad. Esa profesora nos pidió que miráramos por la ventana. En Sudáfrica no había nieve. ¿Cómo podíamos ser creativos si no pintábamos lo que teníamos delante y repetíamos lo que hacían otros?
P: ¿Qué se necesita para saber ver?
R: Le Corbusier aconseja mirar detrás de los edificios. Creo que se necesita algún tipo de cambio social para que uno abra los ojos a cosas nuevas. Los grandes problemas ensanchan la mirada.
P: ¿Su libro ‘Aprendiendo de Las Vegas’ comenzó en África?
R: Todo lo que vi en mi infancia lo recordé más tarde. Yo iba a una escuela inglesa. Había racismo no solo entre negros y blancos. La ascendencia inglesa era la clase más alta. Ser judía, como yo, procedente de Letonia significaba convertirse en un refugiado. Pero también había refugiados nazis. Crecí entre ellos y no entre los afrikáneres. A los negros apenas los veíamos. Mi abuelo era racista. La contradicción de los judíos en Sudáfrica es que huyendo de la persecución colaboraron con el apartheid.
P: ¿Por eso se fue?
R: Pensé que no tenía la fuerza suficiente para enviar a mis amigos a prisión. Me sentía lejos de la ideología del sector social en el que vivía. Pude haberme quedado a ayudar, pero se necesitan seis personas para iniciar un movimiento de protesta y allí solo había tres.

Solo las mujeres han reconocido mi trabajo arquitectónico"
P: ¿Es usted judía practicante?
R: Pertenezco a una sinagoga. Y Bob [Venturi] y yo vamos una vez al año.
P: ¿Por qué tienen los judíos tanto poder en la arquitectura?
R: ¿Eso cree? Louis Kahn decía que los judíos no podían dirigir empresas en Norteamérica. Se necesitaba ser de clase alta, haber estudiado en Princeton y conocerse de toda la vida para triunfar en los negocios. Todavía es así.
P: ‘Aprendiendo de las Vegas’ fue un título sugerente, pero esa ciudad no es real. ¿De qué debe aprender la arquitectura?
R: Uno aprende de donde puede. Es cierto que el apartheid rompió Sudáfrica, pero también lo es que allí se construía más vivienda social que en toda América. Esas viviendas están todavía allí. El régimen racista ha desaparecido y las casas siguen allí.
P: La vida está llena de contradicciones.
R: La vida no es blanco o negro. Las dicotomías no son nada creativas. Beethoven usó música folk como inspiración.
P: Escribió ‘Aprendiendo de Las Vegas’ con su marido, Robert Venturi. Han trabajado juntos durante medio siglo. Sin embargo, a usted le ha costado décadas que reconozcan su trabajo.
R: Sí. Y solo lo han hecho las mujeres. Algunos arquitectos me llamaban cuando les fallaba Venturi. Me pedían que fuera a explicar los trabajos de Venturi.
P: ¿Quién le pidió eso?
P: Philip Johnson también le pedía que abandonase la sala después de las cenas, cuando los hombres iban a hablar de arquitectura.
R: No. Philip Johnson no invitaba a mujeres. Eso me lo pedían en otras casas.
P: ¿Por qué no le exige ese reconocimiento a su marido? Robert Venturi no reclamó compartir el Premio Pritzker que recibió en 1991 con usted.
R: Para Bob, admitir que yo era la mitad del estudio supuso enfrentarse a sus colegas. Y aun así dijo que yo era más del 50% en el discurso de aceptación del premio.
P: Pero no reclamó compartirlo con usted.
R: Ha sido tan bueno conmigo que no puedo pedirle más.
P: Sin embargo, lo reclama el resto del mundo. Uno esperaría que alguien que además de su socio es su marido y su amigo la apoyara antes que nadie.
R: Las cosas han cambiado y ahora podría ser más sencillo. Robert Venturi lo pasó muy mal hasta llegar donde está. Tiene problemas de autoestima, entre otras cosas, porque fue un niño disléxico. Le costó aprender a leer y su vida escolar fue dura hasta que llegó a Princeton y floreció. Con todo, sigue siendo un hombre inseguro.


Denise Scott Brown, durante su juventud, en una fotografía sin fecha tomada en Sudáfrica.

P: No quiero insistir más, pero, precisamente siendo inseguro, usted debió reforzar su seguridad.
R: Sin duda. Le ayudé mucho. Fue injusto que solo le premiaran a él. Pero habría sido más injusto que ninguno de los dos recibiera el premio.
 P: ¿Es la arquitectura de hoy más justa con las mujeres?
R: Bueno… la mayoría de los arquitectos lo quieren hacer todo, aunque no estén preparados. No es tanto egocentrismo como miedo a que no les vuelvan a hacer grandes encargos si delegan una parte. Pero lo mismo sucedería con las mujeres. La ambición ciega. El AIA (American Institute of Architects) no da su medalla de oro ni a parejas ni a estudios.
P: Ha dedicado esfuerzo y tiempo a que reconocieran la contribución de las mujeres. ¿Por qué era tan importante para usted?
R: Hay muchas mujeres que me gustan. Mi madre fue un chicazo. Creció en zonas salvajes de África. Vestía como un niño por una razón: para una mujer era más seguro vestir así. Eso lo heredé yo. Solo que, además, a mí también me gustaban las muñecas. Pero mi padre me había advertido: “Los judíos no podemos decir que no somos como los otros. Eso nunca funciona”. Cuando defiendes que eres diferente, llamas la atención y las cosas se vuelven contra ti.
P: ¿No se debe reclamar una voz propia si se tiene?
R: Sí. Pero sentirse diferente del resto de las mujeres es una trampa. De modo que varias arquitectas nos reuníamos y teníamos sesiones de curación mutua. Ya sabe: “Algo parecido me pasó a mí…”. Daban consuelo. Luego las mujeres arquitectas empezaron a entrar en las escuelas antes de tener sus propios estudios. En lugar de atacar los bastiones masculinos, los estudios donde se diseñaba edificios, fueron a las escuelas a formar futuros arquitectos. Hoy hay arquitectas trabajando en países árabes que no se sienten oprimidas por tener que llevar burka. Al contrario. Como le sucedía a mi madre, que era más libre vestida de chico, esas mujeres son más libres bajo un velo protector. Estamos habituadas a los disfraces. Una vez me salió un proyecto en Bagdad y pedí información: “¿Como judía y como mujer es inteligente ir a Irak a trabajar?”, pregunté. Todos me contestaron lo mismo: “Como mujer, no hay problema. Como judía, mejor no ir”.
R: Sí. Nos hemos fijado en lo que rodea la arquitectura porque también nosotras la hemos rodeado. No es que solo nos interese lo social. Somos más intuitivas y muchas de las cosas las vemos antes. Por ejemplo, entendemos bien cuándo debemos quitarnos de en medio frente a alguien tan hambriento de poder que la única posibilidad de hacer algo es alejarse de él.
P: Su nombre de soltera fue Denise Lakofski. ¿Por qué no fue nunca Denise Venturi?
R: Una vez busqué artículos de una socióloga norteamericana, Ruth Durant, y me di cuenta de que había desaparecido. Luego comencé a leer a otra mujer que escribía cosas similares, pero su nombre era Ruth Glass. Sumé dos y dos e intuí que se había casado. Cuando Bob y yo nos casamos, yo era profesora en Berkeley y ya había publicado artículos. Me acordé de esta socióloga y pensé que no tenía sentido perder lo hecho. Renunciar a mi apellido habría supuesto renunciar a mi obra.
P: Scott Brown es el apellido de su primer marido.
R: Sí, Robert era el último de su línea. Habíamos estudiado arquitectura juntos y cuando murió con 28 años quise quedarme con su nombre. No estoy segura de que a sus padres les hiciera gracia. Pero quise hacerlo. Con todo, la razón principal fue la de los escritos. Llamándome Venturi no habría podido hacer nada.
P: ¿No pensó eso cuando se puso el apellido de su primer marido?
R: Éramos muy jóvenes.
P: ¿La independencia es algo que se aprende o se desarrolla?
R: Sospecho que se aprende, pero también he tenido grandes dependencias. He tenido que convertirme en una anciana para ser mucho más independiente en mis ideas de lo que fui. Puede que las hormonas tengan algo que decir.

La arquitectura es la manera consciente de hacer espacios"
P: ¿Las hormonas generan independencia mental?
R: Los hombres continúan con la testosterona hasta los noventa. Las mujeres se liberan de esas urgencias y el patrón mental cambia. Si has trabajado y llegas a anciana, tienes experiencia y seguridad. Los cambios hormonales liberan a las mujeres.
P: Cuando el coche de Robert Scott Brown se estrelló en Pensilvania, ¿qué le hizo quedarse en América?
R: Me había ido de Sudáfrica porque allí una mujer era un menor. Además nos iba muy bien en la Universidad de Penn. Nos entendíamos. Y ya hablábamos de la cultura popular, aunque éramos hijos de la edad de las máquinas: diseñamos una ciudad lineal con trenes que circulaban a 300 kilómetros por hora.
P: Pasó de diseñar ciudades lineales con su primer marido a protestar por la destrucción de los centros históricos con Venturi, el segundo.
R: Sí. Lo aprendí de los Smithson. Que uno crea en el progreso no implica que defienda la destrucción.
P: ¿Cómo conoció a Venturi?
R: Me pidió que fuéramos a un baile en Princeton. Su idea de un baile era encerrarse en la biblioteca mientras sonaba la música. Allí había un libro de Edwin Lutyens. Se lo mostré y se convirtió en su arquitecto favorito. Hizo la casa de su madre a partir de esas ideas.
P: ¿Qué vio en Venturi?
R: En Europa, un urbanista es un gran arquitecto, un heredero de Le Corbusier. Pero en América, si eras urbanista, los arquitectos pensaban que habías elegido esa opción porque no eras lo suficientemente bueno como para diseñar. Bob era distinto.
P: ¿Por eso le guardaba un sitio en las reuniones de profesores de la Universidad de Penn?
R: Un asiento y una galleta. Él daba el segundo curso de teoría. Y yo el primero. Decidí contarles a los estudiantes lo que realmente me interesaba: lo que los Smithson estaban haciendo en Inglaterra: estaban mirando a la historia. Eso a Bob le interesó. Y empezó a aparecer por mis clases.
P: ¿Y por eso le pidió que fuera a Las Vegas con usted?
R: Sí. Pero más tarde. Cuando me fui a dar clases a Berkeley.
P: ¿Es cierto que le pidió que se casara con usted?
R: Bueno… llegado un punto, sabíamos que iba a ocurrir y lo puse fácil. Sí. Fui yo. Le ayudé.
P: ¿Los arquitectos tienen vida personal?
R: La mía ha sido la arquitectura. La gente me preguntaba: “¿No te paras nunca a oler las rosas?”. Y yo contestaba que no me hacía falta. Gracias a mi profesión he viajado y he conocido a personas que me han cambiado el punto de vista.
P: Su hijo Jimmy lleva cinco años filmando la película ‘Aprendiendo de Bob y Denise’. ¿Qué ha aprendido?
R: Lo que ha aprendido aparece en su conversación. Es un tipo de persona que se aburre y necesita empezar de cero cada tantos años. Mi padre era así.
P: ¿Hay diferencia entre arquitectura y construcción?
R: Quien distingue entre arquitectura y construcción habla peyorativamente del trabajo de otros. Yo creo que la arquitectura es la manera consciente de hacer espacios.
P: ¿Qué porcentaje de las decisiones urbanísticas es fundamentalmente económico?
R: La política lo condiciona todo. Es cierto que quien controla la economía termina controlando también la política, pero si miramos el mundo así, todo en la vida, incluida la elección democrática de Obama, es una cuestión económica. Me parece relevante ver cómo los políticos estadounidenses están reconquistando el poder. Tras la Segunda Guerra Mundial se tomaron grandes decisiones urbanísticas. Y los arquitectos creímos que por fin llegaba nuestra hora. La realidad era otra. El interés era reciclar las industrias de la guerra y desviar su producción hacia la construcción.
P: ¿Opina que a muchos arquitectos les preocupan más los edificios que las calles?
R: Muchos intentan hacer ciudades y las hacen mal. Cuando diseñas parte de una ciudad, no puedes tomar todas las decisiones. Simplemente eres un guía. Debes escuchar a los demás y pensar cómo responderá lo que estás haciendo dentro de 100 años. Ningún político piensa con esos plazos. Pero el miedo es bueno, aporta prudencia. Menos ego y más miedo, podría ser un buen lema para la arquitectura.

*
Gurús “papá y mamá”

Denise Scott Brown (Nkana, Zambia, 1931. En la imagen, con su marido Robert Venturi durante una visita a Barcelona en 2000) hoy se siente reconocida, aunque aún menos que los hombres: “El mundo necesita gurús, y los gurús son hombres. Nadie quiere ser un gurú papá y mamá”.


Hace cuatro años, cuando su libro Armada de palabras apareció en la edición original británica Having Words (AA), el crítico de The New York Review of Books Martin Filler volvió a clamar contra la injusticia de que no la reconocieran como coautora de los trabajos por los que premiaron a su marido con el Pritzker de 1991. En México, durante la presentación de la edición española de su libro, la arquitecta explicó que ella, como la familia Pritzker, fue amiga del humanista Lewis Mumford. “Sé que al patriarca le interesó la arquitectura a partir de las clases de Mumford. Por eso a veces he estado tentada de ir a hablar con ellos y pedirles un gesto, una ceremonia sencilla, The Pritzker Inclusion Ceremony, para hacer justicia al trabajo que hice codo con codo y que ellos no me reconocieron. Solo se trata de incluir a quien quedó fuera”, dijo.